martes, 9 de julio de 2019

Hamlet Lima Quintana,

Su poema que pinta la dura realidad de millones de argentinos que trabajan, en su lucha diaria por mantener una familia y no claudican a pesar de lo difícil de esa lucha y de saber que mientras él, padre de familia dobla el lomo y sigue adelante, otros , poderosos por el rol que sea que ocupan en la misma sociedad, se enriquecen lícitamente o no tanto, él sigue soñando en una vida mejor para sus hijos, en unas buenas zapatillas, en un abrigo y en el sencillo y romántico detalle de obsequiarle un par de rosas a Luisa, su compañera de vida. 

Los   políticos, los que gobiernan y manejan empresas en nuestro país deberían reflexionar  sobre esta historia, en este drama del día a día, que HAMLET LIMA QUINTANA, describe magistralmente en este poema. 

"Yo soy un tipo como vos, 
trabajo, 
me alimento, 
sudo un poco, 
me dibujo pensamientos en los ojos, 
me gusta la mujer, 
cuento los hijos, 
trabajo un poco más, 
ando sin plata". 

No sé por qué, desde que desperté esta mañana, estoy pensando eso: 

"Yo soy un tipo como vos, 
trabajo, 
me alimento, 
sudo un poco", parece el principio de un poema. ¿Pero cómo sigo?, ¿Qué digo?, ¿Qué tengo que decir? 

La hora, se me hace tarde. Todo es un enorme reloj. Yo le dije a Luisa que vivir en Morón y trabajar en el centro es un infierno, que tendríamos que mudarnos más cerca del trabajo. Pero se lo dije hace mucho tiempo y se lo repito todos los días. Y ella me escucha siempre como si fuera la primera vez. Pero, ¿Cómo hará Luisa para inventar tanta ternura todos los días? 
Cuando vuelva le traeré dos rosas. 

Sí, ya se querida: que coma bien al mediodía, que no me haga mala sangre, que me estarás esperando todo el día. Chau, Luisa. 
"Yo soy un tipo como vos, 
trabajo, 
me alimento, 
sudo un poco..."... Este andén está quedando un poco chico ¿Cómo entro ahora al tren si hay gente hasta en la puerta? Un empujón y ya está. Como todos los días. Vamos todos apretados, todos callados, todos enlatados, todos para adentro. Pero claro. Tienen razón, seria ridículo entrar y decirle: Buenos días a cada pasajero. ¿Ridículo?, pero hermoso. 
En el campo lo hacen. Quisiera abrir el diario, pero lo tengo debajo del brazo y no lo puedo mover. Según el reloj del tipo que está tomado de la agarradera, con un poco de suerte voy a llegar a tiempo. 
Yo le dije a Luisa que Pepe necesita pantalones y zapatos nuevos. Ya es grande el chico, es un muchachito. Ella quería comprárselos, pero este mes no se puede. Porque si compramos pantalones y zapatos nuevos, ¿cómo vamos a pagar la luz y el gas? Pero, ¿Cómo hará Luisa para inventar tanta ternura todos los días? 
Cuando vuelva, le llevaré dos rosas. Es un buen pensamiento. 

- Perdón señor. 
- No es nada. 
Claro, el tipo tenía que bajar, el piso lleno de pies, alguno tenía que quedar debajo. Esta vez fue el mío. 

"el piso lleno de pies, 
los espacios llenos de cuerpos, 
el aire lleno de caras", así tiene que seguir: 
"Yo soy un tipo como vos... 
Caigo después en la vereda, 
me pisan la cabeza, 
no hago caso"...Yo le dije a Luisa que Perico necesita un sobretodo. Hace frío. El chico tiene frío. Ella también quería comprárselo, pero este mes tampoco se pudo. Pero, ¿Cómo hará Luisa para inventar tanta ternura todos los días? 
Cuando vuelva le llevaré dos rosas. Es un buen pensamiento. Claro que es un buen pensamiento. 
Ahora estoy en el Once. A esta hora la cola del 101 es larga, pero con un poco de suerte voy a llegar a tiempo a la oficina. 
La oficina, la oficina. 

- Pero no, Gordo, ¿De dónde voy a sacar guita para prestarte? Pedir, pedir, siempre pedir. 
¿Pedir? A Juan Martín hay que enseñarle a pedir para que Luisa no tenga que lavar tantos pañales. Pero ¿Cómo hará para inventar tanta ternura todos los días? 
Cuando vuelva le llevaré dos rosas. Es un buen pensamiento. Aunque a veces me parece que está mas cansada que yo. 

...que coma bien, que me alimente, que no me haga mala sangre. 
Ahora estoy almorzando. Un sándwich. Son las 4 de la tarde y si no me apuro voy a llegar tarde al otro trabajo. La oficina, la oficina, la oficina. 

- Pero no che, ¿Otra colecta? ¿Todas las semanas pedir, pedir, siempre pedir? 
¿Pedir? A Juan Cruz hay que enseñarle a pedir, para que Luisa no tenga que lavar tantos pañales. Pero, ¿Cómo hará para inventar tanta ternura todos los días? 
Cuando vuelva, le llevaré dos rosas. Es un buen pensamiento. Aunque a veces me parece que está mucho más cansada que yo. 
Ahora es de noche. Estoy otra vez en el Once. Sé que no voy a conseguir asiento, pero cansado, apretado, humillado, y muchas otras cosas mas también terminadas en ado, por lo menos me queda el consuelo del regreso. 

"Quiero querer, 
me duele el corazón cuando lo pienso", seguime hablando así 
"Yo soy un tipo como vos". 
"Quiero querer 
me duele el corazón cuando lo pienso. 
La ternura me vuelve mas pavote". 
Ya pasamos Ramos Mejía. Ahora puedo abrir el diario. Pero el de la mañana. Me han robado vida. ¿Y quién me la devuelve? A vos te lo pregunto: ¿quién me la devuelve? 

"Me venden un buzón, 
por ahí anda la cosa", seguime hablando así, 
"Yo soy un tipo como vos" 
"Me venden un buzón, 
yo me doy cuenta. 
Y espero no sé qué, 
no lo comprendo" 

Llegamos a Morón. Por fin en casa. Hola Luisa. Hoy pensé traerte dos rosas, ¿sabes? Pero, ¿Cómo haces para inventar tanta ternura todos los días? 
Hoy pensé en traerte dos rosas. Perdoname, sólo te traigo tu cansancio y el mío. Son las dos rosas. Y ahora lo comprendo. Así termina ese poema que empecé esta mañana: 

"Yo soy un tipo como vos, 
lo que se dice: un semejante".





 

sábado, 6 de julio de 2019

SILVINA I. OCAMPO





Escritora argentina nacida en Buenos Aires en 1903 y fallecida en la misma ciudad en 1993. Fue una notable poetisa y cuentista, esposa del escritor Adolfo Bioy Casares,hermana de la conocida Victoria Ocampo, también escritora y amiga entre otros, ya que eran prte de un notable grupo de literatos argentinos, de Jorge Luis Borges.
Hija de familia pudiente de la sociedad porteña, estudió pintura y dibujo, con importantes maestros,  en Paris, antes de dedicarse a escribir. En el campo de las letras argentinas es considerada una autora fundamental del siglo veinte. Mientras escribía, a la par que lo hacían sus colegas Casares y Borges, así como su hermana  Victoria,  Silvina se vio opacada por la genialidad de aquellos. Es posteriormente que los críticos le reconocen valor y originalidad a su obra. 

Libros: Viaje Olvidado (1937) cuentos. Enumeración de la Patria(1942) poesías. Espacios métricos (1945) poesías, Poemas de amor desesperado (1949), Los nombres (1953) y Pequeña antología (1954)
Después de años de no publicar, lo hace en 1962  con Lo amargo por lo dulce, poemario considerado como uno e sus mejores libros. Su último libro de poemas : Amarillo celeste lo publicó en 1972.
Dos de sus poesías:
Las huellas
A orillas de las aguas recogidas
en la luz regular del suelo unidas
como si juntas siempre caminaran,
solas, parecería que se amaran,
en la sal de la espuma con estrellas,
sobre la arena bajo el sol las huellas
de nuestros pies desnudos
tan lejanos, y mudos.
Dejando una promesa dibujada
nuestra voz entretanto ensimismada
se divide en el aire y atraviesa
la azul crueldad de la naturaleza
mientras solos cruzamos
la playa y nos hablamos.



Soneto del amor desesperado



Mátame, espléndido y sombrío amor,
si ves perderse en mi alma la esperanza;
si el grito de dolor en mí se cansa
como muere en mis manos esta flor.
En el abismo de mi corazón
hallaste espacio digno de tu anhelo,
en vano me alejaste de tu cielo
dejando en llamas mi desolación.
Contempla la miseria, la riqueza
de quien conoce toda tu alegría.
Contempla mi narcótica tristeza.
¡Oh tú, que me entregaste la armonía!
Desesperando creo en tu promesa.
Amor, contémplame, en tus brazos, presa.

Un  cuento de Silvina Ocampo:

Las fotografías

Llegué con mis regalos. Saludé a Adriana. Estaba sentada en el centro del patio, en una silla de mimbre, rodeada por los invitados. Tenía una falda muy amplia, de organdí blanco, con un viso almidonado, cuya puntilla se asomaba al menor movimiento, una vincha de metal plegadizo, con flores blancas, en el pelo, unos botines ortopédicos de cuero y un abanico rosado en la mano. Aquella vocación por la desdicha que yo había descubierto en ella mucho antes del accidente, no se notaba en su rostro.
Estaban la Clara, estaba Rossi, el Cordero, Perfecto y Juan, Albina Renato, María, la de los anteojos, el Bodoque Acevedo, con su nueva dentadura, los tres pibes de la finada, un rubio que nadie me presentó y la desgraciada de Humberta. Estaban Luqui, el Enanito y el chiquilín que fue novio de Adriana, y que ya no le hablaba. Me mostraron los regalos: estaban dispuestos en una repisa del dormitorio. En el patio, debajo de un toldo amarillo, habían puesto la mesa, que era muy larga: la cubrían dos manteles. Los sándwiches de verdura y de jamón y las tortas muy bien elaboradas, despertaron mi apetito. Media docena de botellas de sidra, con sus vasos correspondientes, brillaban sobre la mesa. Se me hacía agua la boca. Un florero con gladiolos naranjados y otro con claveles blancos, adornaban las cabeceras. Esperábamos la llegada de Spirito, el fotógrafo: no teníamos que sentarnos a la mesa ni destapar las botellas de sidra, ni tocar las tortas, hasta que él llegara.
Para hacernos reír, Albina Renato bailó La muerte del cisne. Estudia bailes clásicos, pero bailaba en broma.
Hacía calor y había moscas. Las flores de las catalpas ensuciaban las baldosas del patio. Los hombres con los periódicos, las mujeres con pantallas improvisadas o abanicos, todo el mundo se abanicaba o abanicaba las tortas y sándwiches. La desgraciada de Humberta, lo hacía con una flor, para llamar la atención. Qué aire puede dar, por mucho que se agite, una flor.
Durante una hora de expectativa en que todos nos preguntábamos al oír el timbre de la puerta de calle si llegaba o no llegaba Spirito, nos entretuvimos contando cuentos de accidentes más o menos fatales. Algunos de los accidentados habían quedado sin brazos, otros sin manos, otros sin orejas. "Mal de muchos, consuelo de algunos", dijo una viejita, refiriéndose a Rossi, que tiene un ojo de vidrio. Adriana sonreía. Los invitados seguían entrando. Cuando llegó Spirito, se destapó la primera botella de sidra. Por supuesto que nadie la probó. Se sirvieron varias copas y se inició el larguísimo preludio al esperado brindis.
En la primera fotografía, Adriana, a la cabecera de la mesa, trataba de sonreír con sus padres. Dio mucho trabajo colocar bien el grupo, que no armonizaba: el padre de Adriana era corpulento y muy alto, los padres fruncían mucho el ceño, sosteniendo en alto las copas. La segunda fotografía no dio menos trabajo: los hermanitos, las tías y la abuela se agrupaban desordenadamente alrededor de Adriana, tapándole la cara. El pobre Spirito tenía que esperar pacientemente el momento de sosiego, en que todos ocupaban el lugar por él indicado. En la tercera fotografía, Adriana blandía el cuchillo, para cortar la torta, que llevaba escrito con merengue rosado su nombre, la fecha de su cumpleaños y la palabra FELICIDAD, salpicada de grageas.
—Tendría que ponerse de pie —dijeron los invitados.
La tía objetó:
—Y si los pies salen mal.
—No se aflija —respondió el amable Spirito—, si quedan mal, después se los corto.
Adriana hizo una mueca de dolor y el pobre Spirito tuvo que fotografiarla de nuevo, hundida en su silla, entre los invitados. En la cuarta fotografía, sólo los niños rodeaban a Adriana; les permitieron mantener las copas en alto, imitando a los mayores. Los niños dieron menos trabajo que los grandes. El momento más difícil no había terminado. Había que llevar a Adriana al dormitorio de su abuela para que le sacaran las últimas fotografías. Entre dos hombres la cargaron en la silla de mimbre y la pusieron en el cuarto, con los gladiolos y los claveles. Allí la sentaron en un diván, entre varios almohadones superpuestos. En el dormitorio, que medía cinco metros por seis, había aproximadamente quince personas, enloqueciendo al pobre Spirito, dándole indicaciones y aconsejando a Adriana las posturas que debía adoptar. Le arreglaban el pelo, le cubrían los pies, le agregaban almohadones, le colocaban flores y abanicos, le levantaban la cabeza, le abotonaban el cuello, le ponían polvos, le pintaban los labios. No se podía ni respirar. Adriana sudaba y hacía muecas. El pobre Spirito esperó más de media hora, sin decir una palabra; luego, con muchísimo tacto, sacó las flores que habían colocado a los pies de Adriana, diciendo que la niña estaba de blanco y que los gladiolos naranjados desentonaban con el conjunto. Con santa paciencia, Spirito repitió la consabida amenaza:
—Ahora va a salir un pajarito.
Encendió las lámparas y sacó la quinta fotografía, que terminó en un trueno de aplausos. Desde afuera, la gente decía:
—Parece una novia, parece una verdadera novia. Lástima los botines.
La tía de Adriana pidió que fotografiaran a la niña con el abanico de su suegra, en la mano. Era un abanico con encaje de Alenzón, con lentejuelas, y cuyas varillas de nácar tenían pequeñas pinturas hechas a mano. El pobre Spirito no juzgó de buen gusto introducir en la fotografía de una niña de catorce años un abanico negro y triste, por valioso que fuera. Tanto insistieron, que aceptó. Con un clavel blanco en una mano y el abanico negro en la otra, salió Adriana en la sexta fotografía. La séptima fotografía motivó discusiones: si se sacaría en el interior del cuarto o en el patio, junto al abuelo maniático, que no quería moverse de su rincón. La Clara dijo:
—Si es el día más feliz de su vida, cómo no la van a fotografiar junto al abuelo, que tanto la quiere. —Luego explicó—: Desde hace un año esta niña se ha debatido entre los brazos de la muerte, ha quedado paralítica.
La tía declaró:
—Nos hemos desvivido por salvarla, durmiendo a su lado en los pisos de baldosa de los hospitales, dándole nuestra sangre en transfusiones, y ahora, en el día de su cumpleaños, vamos a descuidar el momento más solemne del banquete, olvidando de ponerla en el grupo más importante, junto a su abuelo, que siempre fue su preferido.
Adriana se quejaba. Creo que pedía un vaso de agua, pero estaba tan agitada que no podía pronunciar ninguna palabra; además, el estruendo que hacía la gente al moverse y al hablar hubiera sofocado sus palabras, si ella las hubiera pronunciado. Dos hombres la llevaron, de nuevo, en la silla de mimbre, al patio y la pusieron junto a la mesa. En ese momento se oyó de un altoparlante la canción ritual de Feliz cumpleaños. Adriana en la cabecera de la mesa, al lado del abuelo y de la torta con velitas, posó para la séptima fotografía, con mucha serenidad. La desgraciada de Humberta logró introducirse en el retrato en primer plano, con sus omóplatos descubiertos y despechugada como siempre. La acusé en público por la intromisión, y aconsejé al fotógrafo que repitiera la fotografía, lo que hizo de buen grado. Resentida, la desgraciada de Humberta se fue a un rincón del patio; el rubio que nadie me presentó la siguió, y para consolarla le sopló algo al oído. Si no hubiera sido por esa desgraciada, la catástrofe no habría sucedido. Adriana estaba a punto de desmayarse, cuando la fotografiaron de nuevo. Todos me lo agradecieron. Destaparon las botellas de sidra; las copas rebalsaban de espuma. Cortaron las dos tortas en tajadas grandotas, que se repartieron en cada plato. Estas cosas llevan tiempo y atención. Algunas copas se volcaron sobre el mantel: dicen que trae suerte. Con la punta de los dedos, nos humedecimos la frente. Algunos maleducados habían bebido ya la sidra antes del brindis. La desgraciada de Humberta dio el ejemplo, y le pasó la copa al rubio. No fue sino más tarde, cuando probamos la torta y brindamos a la salud de Adriana, que advertimos que estaba dormida. La cabeza colgaba de su cuello como un melón. No era extraño que siendo aquella su primera salida del hospital, el cansancio y la emoción la hubieran vencido. Algunas personas se rieron, otras se acercaron y le golpearon la espalda para despertarla. La desgraciada de Humberta, esa aguafiestas, la zarandeó de un brazo y le gritó:
—Estás helada.
Ese pájaro de mal agüero, dijo:
—Está muerta.
Algunas personas alejadas de la cabecera, creyeron que se trataba de una broma y dijeron:
—Como para no estar muerta con este día.
El Bodoque Acevedo no soltaba su copa. Todos dejaron de comer, salvo Luqui y el Enanito. Otros, disimuladamente, guardaban trozos de torta estrujada y sin merengue, en el bolsillo. ¡Qué injusta es la vida! ¡En lugar de Adriana, que era un angelito, hubiera podido morir la desgraciada de Humberta!

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sábado, 18 de mayo de 2019

OMAR KHAYYAM


Hoy  la página web mas popular y el motor de búsqueda más utilizado, nos recuerda que en esta fecha , hace 971 años nacía en Nichapur,  Persia (Hoy Irán) el poeta, matemático y filósofo
                                       OMAR  IBN  IBRAHIM  KHAYYAM,
autor de numerosos poemas, citas y reflexiones, las más famosas reconocidas como "RUBAIYYAT"
Hace tiempo leí que Omar Khayyam era reconocido como el poeta del amor y del vino;  entre sus expresiones figura "Dad vino a los enfermos del alma"

Vamos a deleitarnos con este poema suyo:

¿Por qué vendes tu vino, mercader?

¿Qué pueden darte a cambio de tu vino?

¿Dinero? … ¿Y qué puede darte el dinero?

¿Poder? … ¿Pues no eres el dueño del mundo

cuando tienes en tus manos una copa?

¿Riqueza? … ¿Hay alguien más rico que tú,

que en tu copa tienes oro, rubíes, perlas y sueños?

¿Amor? … ¿No sientes arder la sangre en tus venas

cuando la copa besa tus labios;

no son los besos del vino tan dulces

como los más ardorosos de la hurí?

Pues si todo lo tienes en el vino,

dime mercader: ¿por qué lo vendes?

Poeta, porque haciendo llegar a todos mi vino,

doy poder, riquezas, sueños, amor…;

porque cuando estrechas en tus brazos a la amada,

me recuerdas;

porque cuando quieres desear felicidad al amigo,

levantas tu copa;

porque Dios cuando bendijo el agua la trasformó en vino,

y porque cuando bendijo el vino se trasformó en sangre…

Si te ofrezco mi vino, poeta…

¡No me llames mercader!

 Algunas de sus Rubaiyyat:

Todo el mundo sabe que jamás he murmurado una plegaria.
Todo el mundo sabe que nunca he intentado simular mis defectos.
Ignoro si existe una justicia y una misericordia...
Sin embargo tengo confianza, porque siempre he sido sincero.

El vasto mundo: un grano de polvo en el espacio.
Toda la ciencia de los hombres: palabras.
Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras.
El resultado de tu meditación perpetua: nada.

Soy viejo. Mi pasión por ti me lleva a la tumba, 
pues no ceso de llenar con vino de dátiles esta gran copa.
Mi pasión por ti se ha adueñado de mi razón.
Y el tiempo deshoja sin piedad la bella rosa que tuve...

Hombre, puesto que este mundo es un espejismo, 
¿ Por qué te desesperas, por qué piensas incesantemente 
en tu miserable condición? 
Abandona tu alma a la fantasía de las horas.
Tu destino está escrito. Ninguna tachadura lo modificará.

El paraíso, para mi, es un instante de paz.
Lo que ha de sucederte está escrito 
en el libro que hojea, al azar, el viento de la Eternidad.


Mira ese narciso  que se estremece en la orilla del arroyo,
sus raíces salen tal vez de los labios descompuestos de una mujer.
¡ Que tus pasos rocen ligeramente el césped ! 
Dite que ha germinado en las cenizas de hermosos rostros 
que tenían el brillo de los tulipanes rojos.

Soy viejo. Mi pasión por ti me lleva a la tumba,
pues no ceso de llenar con vino de dátiles esta gran copa. 
Mi pasión por ti se ha adueñado de mi razón.
Y el tiempo deshoja sin piedad la bella rosa que tuve...


De "Rimas Orientales" 
Eticas

                                             XVI  El veneno y el antídoto
          
            De este viejo Khayyam oye el consejo:
           busca siempre del sabio la amistad;
           de los que viven en honestidad
           sea la vida para ti un espejo.
                                                                           Que la distancia de la tierra al cielo
                                                                            te aleje del estulto e ignorante,
                                                                            y la luz de tu fe vaya delante
                                                                            para alumbrar las rutas de tu vuelo.
          Si un hombre de saber te da un veneno
           bebe sin vacilar el vaso lleno;
           del tonto, aunque antídoto te ofrezca,
           vuelca la copa, aunque todo perezca.




viernes, 5 de abril de 2019

"Mal don" una novela de Sivina Bullrich

La autora

En esta interesante novela, SILVINA BULLRICH ( 1915  -  1990  ) Escritora argentina , además  traductora, periodista y guionista de cine. Nació y creció en un ambiente privilegiado y pudo realizar frecuentes viajes a París. Se nutrió de las obras de Zola, Balzac, Flaubert y fue seguidora de Simone de Beauvoir. Fue profesora de literatura francesa en la universidad de La Plata. Tradujo obras del francés al español. Y escribió en francés  la obra teatral Les Ombres.
Fue amiga de Manuel Mujica Láinez quien la llevó al círculo de Adolfo Bioy Casares, Estela Canto y Jorge Luis Borges junto a quien trabajó en una selección de textos que se llamó El Compadrito.
En 1961 obtuvo el primer premio Municipal por Un momento muy largo y El hechicero. En 1972 el segundo premio Nacional a la prosa imaginativa del trienio 1969-1971
Durante años encabezó la lista de Best Sellers (Los burgueses, editado por la Editorial Sudamericana vendió sesenta mil ejemplares)
Otras obras: Bodas de cristal (1951), Teléfono ocupado (1956) Mañana digo basta (1958) Los salvadores de la patria (1965) La creciente (1967) Será Justicia (1976)




"MAL DON"es un libro lleno de pasión y de impotencia ante la injusticia. Una historia que atrapa el interés del lector, siguiendo la evolución de las vidas de tres jóvenes provenientes de un pueblo de la costa, que debiendo alternar cada temporada con los veraneantes y sus hijos, también adolescentes, se las ingeniarán para entrar en aquel mundo citadino que desconocían.  Después los chicos de Mal don, ficticio nombre del lugar, accederán  mediante distintos recursos a la vida en la ciudad, donde irán desentrañando los secretos de esa otra sociedad.



Fragmentos:


1

Abuela que años atrás había cuidado muchos chalets e incluso antes de que yo naciera había vivido en uno de ellos junto con abuelo que era jardinero, había ido quedándose con cinco o seis, los que pertenecían a sus veraneantes predilectos pues como toda la gente de Mal don necesitaba para trabajar una corriente de simpatía: el dinero solo no nos bastó nunca: esa clase de altivez selectiva es la que hizo de nosotros un pueblo pobre pero siempre me enorgulleceré de descender de gente que pese a su pobreza sólo en segundo lugar buscaba ganarse la vida. La calidad humana, el contacto anímico eran las condiciones que regían sus actos.

Aquel verano de mis catorce años yo había comenzado a trabajar no solo por ayudar sino porque por primera vez en veinte o treinta años habían entrado ladrones en uno de los chalets que cuidaba abuela. Hasta entonces parecía que una tácita complicidad había alejado de ellos a los rateros quizá por no comprometerla a ella muy querida en el pueblo. Pero hasta los pueblos chicos crecen, aparece gente nueva y la solidaridad se esfuma como en las grandes ciudades.

Al enterarse de lo ocurrido abuela sufrió como si hubieran robado en casa. En vano los dueños trataron de tranquilizarla, la querían y no desconfiaban de ella pero los amigos de tío Ramón no inspiraban demasiada confianza a la policía y como había que hacer la denuncia para que pagara la Compañía de Seguros, ella fue llamada a declarar. La acompañé a la comisaría. Nos dejaron un rato largo de pie; los agentes iban y venían sin dirigirnos la palabra, sin mirarnos, como si fuéramos transparentes. Por fin nos llamaron y siempre nosotros de pie y ellos sentados comenzaron a interrogarnos. Ella temblaba como una hoja. Explicaba que no vivía allí, que solo iba una vez por semana…

……………………………………….
2
Ni Diego ni Tommy observaban que los señores partían los domingos a la noche, llegaban os viernes, muchos de ellos solo semana por medio, otros el sábado, y que sin duda el clima debía ser insoportable en todas esas ciudades de las que las familias, huían aterrorizadas como ante una peste o una invasión. Cuando leían en los diarios que la temperatura había alcanzado los treinta y nueve grados lo repetían con fruición como cuando uno lee junto al fuego o bien arropado en su cama la historia de un chico perdido en la nieve. Pero dado que todos tenemos esos reflejos, ¿por qué hablar tanto de injusticia social cuando en verdad parte de infinidad de otras cosas que no se definir, como el hecho de haber nacido, como la tendencia a desearle el mal al prójimo, de alegrarse ante una desgracia, amontonarse alrededor de las víctimas de un accidente, presentarse a concursos para ganar lo que equivale a que pierdan los otros y hasta a mover influencias aunque sepamos que alguien lo merece más o, para ser exacta, justamente cuando sabemos que alguien lo merece más? Y aparte de la pobreza, la salud, la belleza, el carácter son cosas que nos son dadas por la naturaleza en forma injusta, o quitadas con la misma injusticia con que nos privan de dinero.
Lo cierto es que cuando a los diecisiete años empecé a salir con las chicas de los veraneantes me parecieron mas despiertas que los muchachos. No quiero jactarme pero o era la más despabilada, cosa natural dado mi género de vida, mi obligación de portarme como una "mujercita" desde muy chica. Para  Diego, mamá, abuela y tía eran tres santas víctimas de los veraneantes. Yo sabía que no lo pasaban mal, las oía comentar con interés las noticias de la radio y en cuanto pudimos tener televisión, el año pasado pues antes no existía, la compraron y se divertían en grande; lo único que como a todas las mujeres de Mal don las mortificaba hondamente era que las señoras de los veraneantes quisieran enseñarles a cocinar; las demás tareas de la casa las hacían mecánicamente desde la infancia, como quien camina o respira, pero obedecer a un libro de cocina era para ellas una especie de ofensa gratuita. 

domingo, 24 de marzo de 2019

Oración al Cristo del Calvario, de Gabriela Mistral




En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.


¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?


¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?


Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.


Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén,

                                                        Gabriela Mistral

miércoles, 20 de febrero de 2019

PAUL AUSTER: de su libro: "La trilogía de Nueva York"


PAUL AUSTER

De: “La habitación cerrada”

Fragmento:

“Todo esto me vino a la memoria cuando me senté a escribir sobre Fanshawe. Una vez había dao a luz mil almas imaginarias. Ahora, ocho años mas tarde, iba a coger a un hombre vivo y a meterlo en su tumba. Yo era el principal deudo y el sacerdote oficiante en ese funeral fingido, mi tarea consistía en pronunciar las palabras adecuadas, en decir lo que todo el mundo quería oír. Los dos actos eran opuestos  e idénticos, imágenes reflejadas el uno del otro. Pero eso no me consolaba. El primer fraude había sido una broma, solamente una aventura juvenil, mientras que el segundo fraude era serio, algo oscuro y aterrador. Estaba cavando una tumba, después de todo, y había momentos en que empezaba a preguntarme si no sería la mía.”

"La trilogía de Nueva York" Editorial Anagrama, Barcelona, 1996

Paul Auster nació en 1947 en  Nueva Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Tras un breve período como marino en un petrolero, vivió tres años en Francia,  donde trabajó como traductor, "negro" literario y cuidador de una finca; desde 1974 reside en nueva York. Es el autor de diversas obras, todas ellas publicadas por Anagrama:La trilogía de Nueva York (Ciudad de Cristal, Fantasmas y La habitación cerrada), El país de las últimas cosas, La invención de la soledad, El palacio de la luna, Lamúsica del azar, Leviatán, El cuaderno rojo, Mr. Vértigo, A salto de mata, Jugada de presión (con el pseudónimo de Paul Benjamín), Pista de despegue,(poemas y ensayos 1970 -1978), Tombuctú, Experimentos con la verdad, Creía que mi padre era Dios, La historia de mi máquina de escribir, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo, Brooklyn Follies y Viajes por el Scriptorium,
La novela gráfica Ciudad de Cristal  y los guiones Smoke y blue in the face, Lulú on the Brigde y La vida interior de Martín Frost. Paul Auster se ha convertido en uno de los autores con  mayor prestigio internacional y a la vez con un creciente  número de lectores en España y América Latina, mientras se suceden las reediciones. Como corolario, en 2006 le fue concedido el prestigioso premio Príncipe de Asturias de las Letras, que ha disparado su popularidad en todo el país.
   


lunes, 11 de febrero de 2019

"Despué" poema de Miguel Andrés Camino

       Del libro "Poemario Silbando" de Miguel Andrés Camino (El poeta de San Martín de los Andes)
Unieron sus corazones
la Felicinda y Ciriaco
en la hondura de aquel beso
que floreciera en sus labios.

Discretos testigos fueron
de sus dulces arrebatos
las fuentes y los arroyos
los bosques, flores y pájaros.

-¿Qué te aflige ? requería,
tiempo después, el amado,
y ella, en silencio y confusa
refugiábase en sus brazos.

Y nunca ya fue posible
ver a los enamorados
pasearse por el faldeo
contemplándose en los ojos
prendiditos de la mano.

Y Fidel comenzó así

¡Solo desde niño estoy!                                      
Mi probe maire murió
ensartá por una vaca.
De cuando muerta la vide,
ricuerdo qu'era muy blanca;
y como no hay ciminterio
ni otro rancho mas que este
a diez leguas de distancia,
la enterraron como a perro
al pie de aquella barranca.

Por eso no jui a la escuela
ni tampoco tuve infancia;
mis juegos fueron trajines,
un puro mandao, campiar,
y pastoriar la majada,
o picanear a los gueyes
en las horas de labranzas.

Cuando juí hombre, el patrón
por haberlos yo criao
me regaló unos guachitos
y en el fondo'e la quebrada
m'hice de unco una ruca                                        
y un corral de pura rama.

Después me echaron de allí
por intruso y por vagancia;
y los pocos animales
que componían mi fianza,
se los comió la justicia;
y para poder vivir,
volví de nuevo a esta estancia.

Y ahora me piden, caray
que olvide mis esperanzas,
y que embrome a mi patrón
sentándome en la retranca,
po qué se yo qué cuestiones,
que no entiende mi ignorancia,
y aseguran que no hay Dios,
y que el infierno es macana,
y que la virgen María...
es una...mala palabra.

Yo me quisiera vengar
por todo el mal que m´hicieron,
pero cuanto más lo pienso
tantito más me acobarda;
¿Y qu'ei de hacer, yo, señor,
si ya no tengo caballos,
si vivo a juerza'e manzanas,
y solo me queda el perro
y este negro crucifijo
que fue de mi pobre maire
hasta su última boquiada?
¡Y este si que no lo dejo!,
ni tampoco me lo arrancan,
porque lo llevo metío
muy adentro de mi alma.

En esta cruz dejó un beso
cuando muriéndose estaba;
en ella aprendí a rezar
el padre nuestro y el ave,
cuando mi maire, la probe,
pa que supiera ser gueno,
me sentaba en sus rodillas
y bajito me enseñaba
cosas que ya ni me acuerdo
porque tan lejazas andan,
y son ahora sollozos
que me anudan la garganta.

En la cocina del puesto
todos callados estaban.
Del fogón en la ceniza
Fidel dibujó una cruz
con la punta de una rama.

Y al despedirse la tarde,
hasta la triste reunión
del puesto de aquella estancia,
como el gemir de bordonas,
llegaba por bocanadas,
el rumor de los torrentes
mezclado a los lastimeros
balidos de la majada.
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Notas: 1) El libro "Poemario Silbando" que componen poemas del poeta Miguel Andrés Camino,
(2) Ruca: casa en idioma mapuche.

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Hola. Yo soy bisnieto de Carlos Hermenegildo Salas. Estoy buscando datos de Carlos para armar mi arbol genealogico. Mi mail es pankiycerebro4@gmail.com