
viernes, 30 de octubre de 2009
Otra que envió Cacho para el Rincon Lunfardo

viernes, 23 de octubre de 2009
Poema de Manuel Acuña
A Una Flor
Cuando tu broche apenas se entreabría
para aspirar la dicha y el contento
¿te doblas ya y cansada y sin aliento,
te entregas al dolor y a la agonía?
¿No ves, acaso, que esa sombra impía
que ennegrece el azul del firmamento
nube es tan sólo que al soplar el viento,
te dejará de nuevo ver el día?…
¡Resucita y levántate!… Aún no llega
la hora de que en el fondo de tu broche
des cabida al pesar que te doblega.
Injusto para el sol es tu reproche,
que esa sombra que pasa y que te ciega,
es una sombra, pero aún no es la noche.
Poeta mexicano nacido en Saltillo, Coahuila, en 1849.
A los veinte años de edad inició su carrera poética con una elegía a la muerte de su compañero y amigo Eduardo Alzúa. En el mismo año, fundó en compañía de varios intelectuales
domingo, 18 de octubre de 2009
OLEGARIO VÍCTOR ANDRADE
"Consejo Maternal"

Ven para acá, me dijo dulcemente mi
madre cierto día; (aún parece que escucho en el ambiente de su voz la celeste melodía).
Ven, y dime qué causas tan extrañas te arrancan esa lágrima, hijo mío, que cuelga de tus trémulas pestañas, como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas. ¿No sabes que la madre más sencilla sabe leer en el alma de sus hijos como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes? Ven para acá, pilluelo, que con un par de besos en la frente disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije; la causa de mis lágrimas ignoro, pero de vez en cuando se me oprime el corazón, y lloro.
Ella inclinó la frente, pensativa, se turbó su pupila, y, enjugando sus ojos y los míos, me dijo más tranquila:
- LLama siempre a tu madre cuando sufras, que vendrá, muerta o viva; si está en el mundo, a compartir tus penas, y si no, a consolarte
desde arriba...
Y lo hago así cuando la suerte ruda, como hoy, perturba de mi hogar
la calma: ¡ Invoco el nombre de mi madre amada, y, entonces, siento que se ensancha el alma.
Nota 1) Destacado por sus escritos literarios y periodísticos.
Olegario Andrade nació el 6 de marzo de 1839. Nacido accidentalmente en Brasil, pero de raigambre argentina.
En 1845 regresaron a Gualeguaychú (Entre Ríos), el lugar de
residencia habitual de la familia y ciudad que muchos consideran como sitio natal de Olegario Andrade.
Sus aficiones literarias no tardaron en manifestarse: sus primeras composiciones poéticas datan de su etapa escolar.
Nota 2) La fotografía que ilustra esta entrada corresponde a la puesta de la obra "Viejos Hospitales" del dramaturgo Alejandro Finzi.
miércoles, 7 de octubre de 2009
SHAKESPEARE

Romeo describe :
…………………….
El amor es una nube surgida del hálito de los suspiros. Si lo alientan es chispeante fuego en los ojos de los enamorados; si lo contrarían, un nutrido mar con lágrimas de amantes. ¿Qué otra cosa es el amor? Una locura rebosante de juicio, una hiel que endulza y un almíbar que conserva.
………………………
Romeo dice de Julieta la noche en que la ve por primera vez:
De ella debe aprender a brillar la luz de las antorchas. Su hermosura pende del rostro de la noche como una joya inestimable en la oreja de un etíope. Belleza demasiado rica para gozarla; demasiado preciosa para la tierra. Cual nívea paloma entre cuervos, resplandece esa dama entre sus compañeras.
…………………………..
Por ventura, ¿amó hasta ahora mi corazón? ¡Ojos, niéguenlo! Porque hasta la noche presente jamás conocí la genuina hermosura.
domingo, 4 de octubre de 2009
De la Musa lunfarda
viernes, 2 de octubre de 2009
Una poesía de Rubén Lucero
Como si fuera de un llanto
entre rocas milenarias,
brotan varios lagrimones
de cristalina pureza.
Se juntan en la pendiente
Como si ese llanto fuera,
causa de un mismo dolor.
Y los cerros colorados
como enormes fantasmas,
en silencio
observan como esas lágrimas
forman un canto a la vida
en tu arroyo Chipauquil.
Y corriendo entre maciegas
esquivándole a los mimbres
que lo quieren retener,
con grotescos ademanes
se dispara entre pedreros,
entonando mil canciones
que sólo el ruido del viento
hace dislocar sus notas
para frenar su carrera,
en un tranquilo remanso
que le ofrece Macachín.
Y allí se abren sus brazos
en Canales de esperanza
para alimentar la savia
de tus sembrados Chanquín.

Y en un andar más tranquilo
entre frondosas riberas,
de gigantescos sauzales
llega por fin a Valcheta
a bendecir los hogares
para rociar los jardines,
para regar los parrales
que harán de su fruto el vino
ese que inspira en el hombre
una plegaria o un canto
y luego mansamente,
como una despedida
se aleja en suave murmullo
porque sabe que le espera
la ardiente sal del Gualicho.
Pero algún día las hombres
lo atajarán en un dique
Y el valle que está dormido,
se hará un coro bullicioso
de un nuevo canto a la vida.
Rubén Lucero
Valcheta

Río negro
miércoles, 23 de septiembre de 2009

LOS ENEMIGOS DE DIOS
RonyFer
Capítulo: «Las siete pesadillas del dios-de dioses
De pronto, cuando ya todo había retornado a la normalidad, se vio entonces ya no en lo alto de la cima, sino a sus pies, desde donde podía tocar aquella tierra fangosa. Y vio surgir plantaciones, el verde se apoderaba de aquel espacio hostil, maizales, trigos, frutales, flores, había de todo, no faltaba nada.
Entonces vio como un viento más fuerte que el anterior arrasaba con todo y ese viento era producido por las turbinas de muchos aviones de combate al despegar. Y luego vio en su sueño aquellos aviones lanzando bombas por doquier, con su poder mega destructor y a su paso no quedó más que aquel suelo arrasado de nuevo, luego vio la tantas veces milenaria ciudad ahora destruida, ni el tiempo ni las continuas batallas pudieron arrasar con Uruk, solo aquellos aviones que surcaban por el cielo con su lluvia de explosivos, aquella otrora joya para la humanidad entera, ahora desprovista de sus dioses protectores, Enlil, Enki y Lea.
Luego vio batallones de ejércitos que con su infantería y su caballería arremetían contra todo lo que de la furia del cielo escapó. Y entonces no quedó nada en aquella tierra, ni seres, ni plantas, ni animales, todo fue borrado de la faz del mundo. Solo ver aquel escenario desolador le causó una profunda tristeza y sus sollozos lo hicieron entonces despertar.
Y durante días enteros se le veía meditabundo y cabizbajo, consultaba infructuosamente sicoanalistas que pudieran encontrar la interpretación a sus sueños, ahora somnoliento, como para no permitir dejarse dominar por la fatiga é inexorablemente, por sus pesadillas.
Los médicos consultados aseguraban que todo eso era debido a un trastorno del sistema nervioso y aunque exámenes exhaustivos no dejaban entrever alguna lesión cerebral le recetaban entonces todo tipo de calmantes y soporíferos para atenuar aquellas intensas jaquecas casi cotidianas.
Pero todo eso solo era el preludio de noches sin final, inciertas.
Aprovechaba entonces hacer pequeñas siestas en su buró, otras en la sala o donde la fatiga lo venciese.
Y en uno de esos esporádicos descansos vio una breve escena que no pudo comprender, dispersados por doquier cadáveres apilados, de todos los continentes, de todas las razas, de todas las etnias se presentaban ante su vista, luego vio una enorme águila calva que con sus picoteos extraía los ojos y devoraba y se alimentaba de aquella carroña humana esparcida por los cuatro puntos cardinales.
Cierta vez, ya bien entrada la madrugada, vencido por el cansancio se quedó dormido en la sala, con el televisor encendido y en lo más profundo de sus sueños, vio de pronto aquellos nubarrones que se acercaban, cúmulo- nimbos inmensos acompañados de interminables y sucesivos relámpagos ocupaban toda la bóveda celeste, en su interior, una luz como bola de fuego que se agrandaba a medida que el cielo se cubría, y de pronto, aquellos negros nubarrones y relámpagos se apartaron de la luz, circunvalándola inexorablemente que ahora se tornaba de un color rojo intenso, silencio profundo, luego del centro, un enorme rayo partió la tierra en dos, una enorme fisura se formaba y aquel ensordecedor ruido producido por el craqueo de la tierra al partirse más fuerte que el rugir al unísono de todos los cañones y baterías de todas las infanterías del mundo, luego vio una enorme falla romper la tierra que nacía desde el oriente hasta el occidente.
Pronto vio que de las entrañas de la tierra surgían como plantas luego de las primeras lluvias, algunas formas fantasmagóricas, casi humanas que se desplazaban con dificultad dirigiéndose hacia él.
Y fue entonces qué, de aquella multitud de muertos vivientes vislumbró primero niños, cientos, miles de ellos, despedazados, mutilados, harapientos, descalzos y con la carroña desmembrarse de sus escuálidos cuerpos, luego secundados por adultos y viejos, todos en su dirección, a su encuentro.(continuará)