sábado, 14 de octubre de 2017

PROSA Y POESÍA DE MARICARMEN DELGADO EN "ARCOIRIS PATAGÓNICO"

                                       
Me desperté sobresaltada, serían las tres de la madrugada, no podía retomar el sueño y después de muchas vueltas me levanté. Todo era silencio, algún ladrido lejano quebraba la quietud de esa hora. Tuve el impulso irrefrenable y tomé mi cuaderno de notas.
¡Qué maravilloso me pareció poder volcar en versos mis sentimientos!
Saliron varios poemas y luego de la poética catarsis reflexioné largamente sobre mi irrenunciable vocación, estaba profundamente emocionada y feliz con el corazón abierto como un cofre.
Expresé en voz alta un deseo, casi un ruego: "Que nunca cicatrice esa incurable herida, dulce herida que tengo, de ser poeta".


NERUDA Y EL VOLCÁN

Se proyecta una sombra que ilmina,
brota del pensamiento la palabra
como un enjambre sísmico que bulle,
como un parto telúrico que brama.

Como un volcán que asola y desconcierta
al villano y al noble con su gesta;
como el hálito ardiente del verano
que a su paso consume la floresta.

Luego llega la paz que baña y calma,
que conmueve y enciende como apaga
el corazón con suave sentimiento.

El silencio se expande, se propaga,
se convierte,se funde, se amalgama,
y el verso dado a luz vuela en el viento.

                                                         
                

 La Sra. Maricarmen Delgado es autora de este soneto que forma parte del libro "Arcoiris patagónico- sietepoetas de San Martín de los Andes, cuentan".
También se incluyen otros títulos de narrativa salidos de su pluma: "Defensora de cronopios", "Fueaquella tarde", y "Momento creativo".

                                                                             En el prólogo que firma Graciela vázquez Moure, se lee: "Maricarmen, tinee un gran bagaje. Recorrió redacciones de revistas en su juventud y ess una gran creadora de haikus. Un nuevo libro con poesía japonesa coronó el año 2015 y este año su participción en esta antología de cuentos la entusiasma, aunque es su tercer libro compartido."



lunes, 9 de octubre de 2017

EL VIENTO... UN CUENTO DE JUANA ECHEVERRÍA


EL VIENTO QUE TRAEN LAS SIBILAS (Fragmentos)

A mis catorce años, declaro que el otoño es mi estación preferida. Me deleito observando el árbol que mi abuelo cuida con tanto esmero; hoy repleto de hojas doradas. El abedul añoso, de tronco robusto.
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Sabía que algo se venía ocultando en el pueblo. Un secreto del que nunca se hablaba delante de los menores, solo los grandes murmuraban, y cuando aparecíamos, callaban dejándonos con un profundo interrogante. Ya no somos menores y el deber de ellos es explicarnos a que se debe el terror que nos ronda.
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Es el viento que traen las brujas, todo lo trastocan, es su diversión.
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Definitivamente este viento trae el germen de la locura, me duermo y despierto. Todo es peor, coqueteo con la muerte, quiero salir a la calle y gritar hasta romper todos los vidrios del pueblo.
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Este cuento forma parte del libro "Arcoíris patagónico " en cuyo prólogo, Graciela Vázquez Moure ha escrito: "Cada escritor debe crear un mundo para sí mismo, grande o pequeño, en el que pueda creer honestamente, quizás en esto radica el secreto del arte.
Muchos llegan a la revelación, encuentran que tienen atesorado un talento que no había sido liberado, que estaba adentro, muy en el fondo de la conciencia, y entonces siguen escribiendo y ya no pueden parar.
Deciden que los personajes forman parte de sus vidas y que ellos muchas veces toman la rienda de esa realidad-ficción y se dan cuenta que además del placer de leer, han descubierto el placer de escribir.
Esto es lo que pasa con el estilo de Juana, ese realismo mágico que admiró siempre en García Márquez y que hoy forma parte de sus cuentos. Esos pueblos polvorientos de su querido Chile, aparecen en sus historias creando personajes con una libertad absoluta."
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Además de "El viento que traen las sibilas", en este libro figuran otros títulos de Juana Echeverría, ellos son: "Donde van a morir los malditos", "El protector", "Huída del paraíso", "Las tres Marías", "Impacto", "Soledad en la pradera" y "La división".

domingo, 17 de septiembre de 2017

BET JALA. Un pueblo perdido. Es un cuento de Olga Nazar

BET JALA. Un pueblo perdido. Es un cuento de Olga Nazar
"Hoy la imaginación me lleva a un lugar tan desconocido a la vista, pero no a mis sentidos. Desde pequeña aprendí a visualizar las palmeras datileras, los añosos olivos, los almibarados higos y ese clima cálido y seco que hacía madurar los damascos más dulces del universo. Esto me lo contó mi padre quien había dejado su país a los catorce años, agobiado por la terrible guerra que aun hoy continúa. Él nació en Palestina, ahora Israel, en un pueblo llamado Bet Jala, en el cual quedaron sus padres y hermanos con una ilusión, esa que hacía presuponer que quizás algún día pudieran reunirse con él en este paraíso llamado Argentina."
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"Ahora sólo queda en mi imaginación soñar con esos mundos poblados de desiertos, pero ya no con la temática de la guerra, sino todo lo contrario; ver esas dunas, poder deslizarme en sus arabescas formas, cubrir mi cuerpo con esas arenas finas color gris y quizás bajo una palmera visualizar la imagen del abuelo."
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 Los textos anteriores son  fragmentos del cuento "Bet Jala. Un pueblo perdido", escrito por Olga Nazar y que forma parte del libro "ARCOIRIS  PATAGÓNICO" originado en el Taller Literario 2016 que coordina la escritora y periodista Graciela Vázquez Moure. 



Acerca de Olga Nazar, una de las seis escritoras que han aportado sus cuentos a "Arcoíris Patagónico", se lee en el prólogo escrito por Graciela: "Olga, una contadora de historias. Muchas de ellas han sido parte de su realidad, pero siempre logra ese condimento de ficción, los personajes son ajenos a ella y la emoción  de sus temáticas tiene mucho que ver con sus vivencias personales. Nunca había escrito y tímidamente descubrió ese espejo que agranda la realidad que se despega de ella convirtiéndose en ficción."

jueves, 24 de agosto de 2017

" EL BASTÓN DE LACA" (J.L.Borges)

En el aniversario de su nacimiento (24 de agosto de 1899)





UN TEXTO EN PROSA DEL ESCRITOR JORGE LUIS BORGES:

EL BASTÓN DE LACA

María Codama lo descubrió. Pese a su autoridad  a su firmeza, es curiosamente liviano. Quienes lo ven lo advierten; quienes lo advierten lo recuerdan.
Lo miro. Siento que es una parte de aquel imperio, infinito en el tiempo, que erigió su muralla para construir un recinto mágico.
Lo miro. Pienso en aquel Chuang Tzu que soñó que era una mariposa y que no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.
Lo miro. Pienso en el artesano que trabajó el bambú y lo dobló para que mi mano derecha pudiera calzar bien en el puño.
No se si vive aun o si ha muerto.
No se si es taoísta o budista o si interroga el libro de los sesenta y cuatro hexagramas.
No nos veremos nunca.
Está perdido entre novecientos treinta millones.
Algo, sin embargo, nos ata. 
No es imposible que alguien haya premeditado este vínculo.
No es imposible que el universo necesite este vínculo.

 Y UNA POESÍA

EL GRABADO

¿Por qué al hacer girar la cerradura,      
vuelve a mis ojos con asombro antiguo
el grabado de un tártaro que enlaza
desde el caballo un lobo de la estepa?
La fiera se revuelve eternamente.
El jinete la mira. La memoria 
me concede esta lámina de un libro
cuyo color y cuyo idioma ignoro.
Muchos años hará que no la veo.
A veces me da miedo la memoria.
En sus cóncavas grutas y palacios
(dijo San Agustín) hay tantas cosas.
El infierno y el cielo están en ella.
Para el primero basta lo que encierra
el más común y tenue de tus días
y cualquier pesadilla de tu noche;
para el otro, el amor de los que aman,
la frescura del agua en la garganta
de la sed, la razón y su ejercicio,
la tersura del ébano invariable
o -luna y sombra- el oro de Virgilio.
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lunes, 31 de julio de 2017

Aniversario de la desaparición de Antoine de Saint Exupéry




Amante de la Aviación, y por ello fue  piloto  además de periodista y escritor. El autor de "Le petit prince" originalmente en francés, su  lengua  o  "El Principito" , en nuestro idioma; también autor de otros libros como "Tierra de hombres", "Piloto de Guerra " y "Vuelo nocturno".  El 31 de julio de 1944, mientras realizaba vuelos de reconocimiento fotográfico , él y su avión desaparecieron en Europa, zonas aéreas de Cerdeña y Córcega.   




El zorro y el principito dos personajes de su inmortal obra.




¿Qué significa domesticar? Había preguntado el principito.
- Es algo que se ha olvidado -dijo el zorro-.Significa crear vínculos.
-¿Crear vínculos? 
-Eso es-dijo el zorro-. Para mí, eres como cualquier muchachito parecido a otros cien mil y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí, porque no soy sino un zorro igual a otros cien mil. Pero si tú me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Tú serás para mi único en el mundo y yo seré único en el mundo pata ti.
-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor...Yo creo que ella me domesticó.

Observación: Con la flor, el personaje se refiere a la  rosa que cultivaba en su hábitat, el asteroide B612, en la imaginación de Saint de Exupéry. Y he leído en alguna parte que la rosa, para el autor,  simboliza a la mujer.



jueves, 13 de julio de 2017

SAINT EXUPÉRY, PERIODISTA


“UN SENTIDO DE LA VIDA” es un libro conformado por textos de Antoine de Saint Exupéry, los que  fueron compilados por el esfuerzo de Claude Reynal. Se inicia con un relato bajo el título “El aviador” y siguen artículos escritos por el autor de “El principito” para diarios franceses: unos sobre Rusia y otros sobre la guerra civil española, lugares a donde viajó como cronista.
Lo que sigue es un fragmento del capítulo titulado "MOSCÚ" del libro antes mencionado. El libro fue editado en nuestro país por editorial Troquel, la primera en 1960 y posteriores ediciones en 1962,1964 y 1966.-

HACIA LA U.R.R.S. (1)
DE NOCHE, EN UN TREN , DONDE EN MEDIO DE MINEROS POLACOS REPATRIADOS, MOZART NIÑO DORMÍA… LOS PRINCIPITOS DE LEYENDAS EN NADA SE DIFERENCIABAN DE ÉL.
El otro día describí el 1 de mayo en las calles de Moscú a donde había llegado la víspera. Cedí de ese modo a la actualidad. Pero antes debía haber contado mi viaje. El viaje esalgo así como un prefacio que prepara a comprender un país.

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Es media noche y, tendido en mi camarote, bajo la pálida luz de la lamparilla, me dejo llevar. Los ejes se entrechocan. A través de los cobres y las maderas recibo el mensaje  de esos latidos arteriales. Algo, afuera, corre. La calidad del sonido varía. Un puente o un muro raspa contra nosotros; pero una estación con sus amplias calzadas produce el silencio como un lecho de arena. Y no sé nada más.

Cientos de viajeros duermen en los coches, dejándose llevar con la misma facilidad que yo. ¿Sienten la misma inquietud que yo siento? Quizá no logre lo que busco. No creo en lo pintoresco. Puede que haya viajado demasiado como para no conocer cuánto engaña. Si un espectáculo nos entretiene, y nos intriga, es porque lo juzgamos aun desde el punto de vista del extranjero. Porque no comprendemos su esencia. Pues lo esencial de una costumbre, de un rito, de una regla de juego, es el sabor que dan a la vida, es el sentido de la vida que crean.

………………………

A eso de la una de la mañana recorrí el tren en toda su longitud. Los coches dormitorios estaban vacíos. Los coches de primera estaban vacíos. Me recordaban esos hoteles de lujo de la Riviera, que se abrían todo un invierno para algún único cliente, último representante de una fauna extinguida. Señal de tiempos amargos.

Pero los coches de tercera albergaban centenares de mineros polacos despedidos, que regresaban a su Polonia. Y yo avanzaba por los corredores pasando por encima de sus cuerpos. Me detenía para mirar. En esos vagones sin división que se parecían a una cuadra que olía a cuartel o a comisaría, distinguía de pie bajo la lamparilla, toda una población confusa, entremezclada por las sacudidas del rápido. Una muchedumbre sumida en pesadillas que retornaba a su miseria. Cabezotas rapadas que rodaban sobre la madera de las banquetas. Hombres, mujeres, niños todos se revolvían de derecha a izquierda, como atacados por todos esos ruidos, todas esas sacudidas que los amenazaba en su olvido. No habían encontrado la hospitalidad de un buen sueño. Y yo tenía la impresión de que habían perdido a medias la calidad humana, arrojados de un extremo a otro de Europa por las corrientes económicas, arrebatados a las casitas del norte, al minúsculo jardín, a las tres macetas de geranio que viera antaño en las ventanas de las casas de los mineros polacos. Sólo pudieron reunir los utensilios de cocina, las mantas y las cortinas en paquetes mal atados, estallando de hernias. Pero tuvieron que separarse de todo lo que acariciaron o hicieron grato, todo lo que habían logrado domesticar en cuatro o cinco años de residencia en Francia: el gato, el perro y el geranio, y sólo llevaban consigo esas baterías de cocina.

Un niño mamaba de una madre tan cansada que parecía adormecida. La vida se trasmitía en medio del absurdo y del desorden de ese viaje. Miré al padre. Un cráneo tosco y desnudo como una piedra. Un cuerpo doblado en el incómodo sueño, aprisionado en las ropas de trabajo hechas de bultos y concavidades. El hombre parecía un uñado de arcilla. Así, por la noche, restos de naufragio que perdieron su forma pesan sobre los bancos de las estaciones. Y yo reflexionaba:

“El problema no reside en esta miseria, en esta suciedad, ni en esta fealdad. Pero  ese hombre y esa mujer se conocieron cierto día. Y sin duda el hombre sonrió a la mujer. Sin duda le ha traído flores, después del trabajo.  Tímido y torpe, quizá temía ser rechazado. Pero la mujer por coquetería natural, la mujer, segura de su gracia, se complacía en inquietarlo. Y el otro, que hoy no es más que una máquina de cavar o golpear, sentía así en su corazón una deliciosa angustia. El misterio consiste en que se haya convertido en ese montón de arcilla. ¿ Por qué molde terrible ha pasado, marcado por él como una máquina de forjar? Un ciervo, una gacela, un animal, conservan su gracia al envejecer. ¿por qué esta hermosa pasta humana se ha arruinado?”

Y proseguí mi viaje entre ese pueblo de sueño turbio como una casa mal afamada. Flotaba un ruido vago, hecho de ronquidos sordos, de quejas oscuras, de quejas oscuras del raspar de zapatones de quienes, doloridos de un costado, probaban volverse sobre el otro…

Y siempre, en sordina, ese incesante acompañamiento de guijarros sacudidos por el mar.

Me senté frente a una pareja. Entre el hombre y la mujer, el niño, como pudo, se había hecho un hueco y dormía. Se dio vuelta durmiendo y su rostro se me apareció bajo la lamparilla. ¡Ah, qué rostro adorable! De esa pareja había nacido un fruto dorado.  ¡De esos toscos trapos había nacido ese triunfo de la gracia y el encanto! Me incliné sobre esa frente lisa, sobre ese dulce hociquito, y me dije: “Este es un rostro de músico, este es Mozart niño, ¡qué bella promesa de la vida! Los principitos de las leyendas en nada se diferenciaban de él. Protegido, cuidado, cultivado, ¿qué no podría llegar a ser? Cuando en los jardines nace por mutación una rosa nueva, todos los jardineros se conmueven. Se aísla la rosa, se la cultiva, se la favorece…Pero para los hombres no hay jardinero. Mozart niño será marcado como los demás por la máquina moldeadora. Mozart tendrá sus mayores alegrías de música corrompida en el hedor de los café-concert. Mozart está condenado…”

Volví a mi vagón. Me dije:

“Esta gente no sufre por su suerte. Lo que me atormenta no es la caridad. No se trata de conmoverse ante una llaga perpetuamente abierta. Los que la llevan ni la sienten. Quien está herido, lastimado, no es el individuo, sino quizá la especie humana. No creo en la piedad. Lo que esta noche me atormenta es el punto de vista del jardinero. Lo que me atormenta no es esta miseria en la que después de todo es tan fácil instalarse como en la pereza. Generaciones de orientales viven en la mugre y se complacen en ello. Lo que me atormenta no puede ser remediado por las sopas populares. Lo que me atormenta no son ni esas concavidades ni esos bultos, ni esa fealdad. Es que, en cada uno de esos hombres, hay algo de Mozart asesinado.”
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(1) El viaje de Saint Exupéry a Rusia tuvo lugar en abril y mayo de 1935, luego de su gira por el Mediterráneo en Conty y Prévot, donde dio una serie de conferencias, y antes de partir para el trágico raid París- Saigón por el simún. Saint-Exupéry llegó el 29 de abril a Moscú.
En las últimas páginas de Tierra de Hombres figuran recuerdos de ese viaje: Mozart asesinado. 
Cf. "Paris-Soir" del 3, 14,16,19,20 y 22 de mayo de 1935.