sábado, 28 de septiembre de 2013

POESÍA HINDÚ: RABINDRANATH TAGORE

Fragmento del libro "El Jardinero" de Rabindranath Tagore
6
El pájaro preso vivía en una jaula, y el pájaro libre en el bosque.
Se encontraron por azar. El pájaro libre grita: "Amor mío, volemos hacia el bosque".
El pájaro preso murmura: "Ven aquí, vivamos juntos en la jaula".
"Entre estos barrotes, ¿podré extender mis alas?" dice el pájaro libre. "Ay, lamenta el prisionero, yo no sabría posarme en el cielo".
"Amor mío, ven conmigo a cantar las canciones del bosque". "Quédate junto a mí. Te enseñaré una música muy hermosa".
El pájaro del bosque replica: "No, no. No se pueden enseñar las canciones".
El pájaro enjaulado dice: "Ay, yo no conozco los cantos de los bosques".
Tienen sed de amor, pero no pueden volar ala con ala.
Se miran a través de los barrotes de la jaula, pero su deseo es inútil.
Aletean y cantan: "Acércate más, amor mío".
El pájaro libre grita: "No puedo, las puertas cerradas de tu jaula me dan miedo".
"Ay, dice el cautivo, mis alas no tienen fuerza, han muerto".

Poema: En Mi Cielo Al Crepúsculo 

Paráfrasis del poema 30 de “El jardinero”
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

               Poema El Último Trato 

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
“¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
“Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.
Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.”
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
“Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
“Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trato jugando, soy libre.
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BIOGRAFÍA DEL AUTOR:  Rabindranath Tagore (1861-1941)
Famoso poeta hindú, autor de "El cartero del rey", "A cuatro voces","El jardinero", "Pájaros perdidos","Regalo de amante", "Himno a la paz" y otros títulos. Sus obras le valieron rnombre universal y el premio Nobel de Literatura en 1913.
Entre sus obras se cuentan también novelas y de teatro.-

Sitios consultados: www.bibliotecasvirtuales.com  ; www.poemasde.net

POEMA DE “EL JARDÍN”
DE RABINDRANATH TAGORE
XL
Una sonrisa incrédula revolotea en tus ojos cuando vengo a decirte adiós.
Me he despedido tantas veces que estás segura de que pronto volveré.
Debo confesarlo, también yo lo creo.
Porque los días de la primavera vuelven año tras año; la luna nos abandona para visitarnos de nuevo; las flores renacen en las ramas. Es probable que también mi adiós sea solamente un hasta pronto.
Pero conserva un instante la ilusión. No la apartes con tan violenta rapidez.
Cuando te digo que me voy para siempre cree en mis palabras, y que una neblina de lágrimas vele un instante la oscura profundidad de tus ojos.
Luego, cuando vuelva, sonríe maliciosamente cuanto quieras.

DE “LA LUNA NUEVA” del mismo autor:
“EL REGALO”
Quiero hacerte un regalo, hijo mío, pues la vida nos arrastra a la deriva.
El destino nos separará, y nuestro amor será olvidado.
Ya sé que sería demasiada ingenuidad creer que puedo comprar tu corazón con mis regalos.
Tu vida es aun joven, tu camino largo. Bebes de un sorbo la ternura que te ofrecemos, luego te vuelves y te vas de nuestro lado.
Tienes tus juegos y tus compañeros, y comprendo que no nos dediques ni tu tiempo ni tus pensamientos.
Pero a nosotros la vejez nos da la ocasión de recordar los días pasados, de reencontrar en nuestro corazón lo que nuestras manos perdieron para siempre.

El río corre rápidamente y rompe, cantando, todos los obstáculos que se le presentan. Pero la montaña inmóvil lo ve pasar con amor y guarda su recuerdo.

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